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Inglourious Basterds PDF Imprimir E-mail
Escrito por David Giraldo   
Domingo, 21 de Febrero de 2010 22:32

Una película más sobre la segunda guerra mundial. El menú puede resultar previsible: litros de sangre, primero planos impactantes, explosiones, héroes inmaculados, victimas sacrificadas, odiosos criminales que felizmente nosotros mismos vengaríamos, redención a la vuelta de la esquina, fundido a negro y fin. El fin de año no trajo nada nuevo a las carteleras de cine. Partimos de una premisa falsa como ésta para analizar Inglourious Basterds, la reciente película de Quentin Tarantino. Precisamente hablamos de novedades cuando decimos que es Tarantino y es una película de guerra; tratándose de un género en el que el director no había incursionado antes. Tratándose de un director que es una referencia obligada del cine contemporáneo, para amarlo o para odiarlo. Ahora, en los días en que se suceden una tras otra las ceremonias de premiación a lo mejor del cine, que culminan como es costumbre con los Premios Oscar. En este contexto se mueve el juego de expectativas y reacciones alrededor de los bastardos engendrados por la mente de Quentin.

El coctel audiovisual preparado por nuestro “bartender” incluye ingredientes bien particulares: narración fragmentada por capítulos, personajes de ficción mezclados con personajes históricos, situaciones históricas transformados al gusto, diálogos extensos que destilan gotas de humor negro, secuencias maestras en el manejo de la tensión dramática, referencias múltiples al cine visto y autorreferencias al cine realizado, amor sin fin por la cultura popular. A nadie le quede duda que se trata de una película de QT. La fábula que se construye con esos ingredientes gira alrededor de varias historias cruzándose en el eje de la venganza. El encabezado Había una vez (Once upon a time) en la Francia ocupada por los Nazis, da inicio a la trama de Shosanna, una niña que es testigo de la ejecución de su familia pero tiene la oportunidad de salir viva de allí; años más tarde esa niña se ha convertido, mediante una identidad falsa, en la joven dueña y administradora de una sala de cine en Paris destinada a proyectar las películas de propaganda nazi. En un desarrollo paralelo aparece el teniente Aldo Raine al mando de LOS BASTARDOS un escuadrón de la muerte formado por soldados judeoamericanos, en busca de soldados nazis, cuyos métodos son dignos del deleite de cualquier torturador, todo un ejemplo de escuadrón paramilitar. Sus enemigos, los soldados nazis, aparecen liderados por el coronel Hans Landa, el villano perfecto y por partida doble; cazador de judíos encargado de detener el avance de los bastardos y verdugo de la familia de Shosanna. Para complicar las cosas, también hay un par de personajes más que resultan decisivos en la trama: el primero es un soldado nazi a la vez héroe de guerra y héroe del cine de guerra; el militar convertido en actor resulta enamorándose obsesivamente de Shosanna y acercándola al círculo intimo de Hitler y de Goebbels. La segunda es una actriz alemana que, aprovechando su fama y cercanía con el partido, espía para los Aliados y debe reunirse con LOS BASTARDOS para coordinar una operación de ataque donde todos los personajes van a coincidir. Parece mucho… y me van a creer ustedes si les digo que lo es. Excesivo. Tal vez. Básteles con saber que se consume durante 152 minutos pero cuando estas viéndolo no se siente tan largo.

La experiencia detrás de cámaras de Quentin Tarantino sirve para dinamitar el antiguo debate acerca de si la vida imita el arte o, al revés, es el arte el que imita a la vida. En el universo cinematográfico que él ha creado el arte imita al arte. Estadísticamente su carrera se resume en más de 20 años de trabajo, en los cuales ha producido más de seis películas incluidas algunas colaboraciones para televisión. Como si estuviera convencido de que ya todo está dicho QT elige volver a decir lo que muchos otros antes de él ya dijeron. Por eso Pulp Fiction se dedica a revisitar un formato de literatura popular donde lo escabroso se distribuye en un folletín barato ya en desuso. Jackie Brown se nutre de las películas setenteras del blaxploitation. Kill Bill le rinde culto al cine oriental, las artes marciales y los samuráis. Death Proof parafrasea las películas de carreras de autos. Inglourious Basterds continúa esta misma senda al tomar como referencia el cine italiano de guerra conocido como macaroni combat. Pero los homenajes se multiplican en toda su filmografía, sería trivial reducirlos a estos ejemplos. De hecho, uno de los juegos comunes para los cinéfilos es descubrir las infinitas citas textuales a las que alude cada obra del universo tarantinesco. Su discurso se construye a partir de otros discursos, no como imitación, sino creando algo nuevo a partir de todas las influencias que recoge.

La profusión de acontecimientos, personajes y diálogos se mantiene en Inglourious al nivel de otros filmes de QT. A Tarantino le aburriría mucho contar una historia minimalista, lo suyo es crear coreografías cinemáticas en las que entre mayor parezca el enredo se necesitará una resolución más impactante, más espectacular. Esta es una de las claves para entenderlo. La espectacularidad, que busca de todas las formas posibles, es uno de los motivos para que la violencia cobre tal protagonismo en sus películas. Un reproche común entre sus críticos es el regodeo estético a la hora de mostrar sangre. No es que la violencia haya llegado al cine de la mano de Quentin Tarantino pero a partir de él cobro una dimensión nueva. El gore, donde el chorro de sangre es todo a la vez: elemento narrativo, formal y estético, se volvió mainstream. Heredero de ese género underground que es el gore, la actitud de QT es comparable a la de un eterno adolescente; siempre tratando de llamar la atención con las imágenes más sórdidas, siempre disfrutando al arrojarlas a un público ávido de emociones fuertes. QT es el jefe despiadado en un terreno con un gusto sádico por lo cruel. En Inglourious se juega con un hecho histórico propicio para la exhibición sangrienta pero esta vez QT no abusa de ese recurso (más allá de un par de escenas de nivel salvaje). Prefiere, en cambio, abusar de otro de sus recursos favoritos: los diálogos deben ser hilarantes bajo cualquier circunstancia. Da igual si los personajes están a punto de matarse entre ellos o debatiendo sus gustos cinematográficos, el tono de la conversación mantiene una ligereza que en el fondo no es tal. En últimas lo impactante de las escenas violentas o lo ingenioso de los diálogos no es sino una excusa para desfogar la energía creativa del realizador. En sus filmes el grado de pulimiento del lenguaje cinematográfico alcanzado es contundente. Esto es innegable en cada uno de los aspectos formales del film. Tanto la fotografía minuciosa e impecable como un excelente acompañamiento musical. Tanto la interpretación actoral como el ritmo del montaje. Tarantino es un esteta de lo decadente.

Aparte de de las referencias o el refinamiento cinematográfico, que son elementos de la forma, las creaciones de QT crean sospechas en cuanto al fondo. Para sus detractores, en pocos casos se encuentra un desbalance tan fuerte entre el fondo y la forma. La cantidad y calidad de recursos a los que apela para decir algo es inversamente proporcional al contenido de lo que dice; lo poco y nada que parece plantear. Inglourious Basterds reúne esa doble condición de estar muy bien dirigida, ser rica en detalles técnicos, y pobremente escrita, tiene gags que se disfrutan en el momento pero dejan poco para reflexionar. El efecto producido depende de si se le toma en serio o no. Antes hay que decir que ni él mismo se toma en serio; alguna vez hizo una confesión reveladora al respecto: “busco hacer graciosos temas con los que nadie se quiere reír”. En este aspecto, el cambio de contexto es decisivo. Ahora que se trata de una venganza trasladada a un hecho histórico y político concreto la apuesta del director es más arriesgada. Ya no se preocupa únicamente por brindar entretenimiento pop, esta vez reescribe la historia con lo cual cumple una de las posibilidades y licencias que se puede dar la ficción. Crea una realidad opuesta pero el modo de hacerlo y el porqué ha sido ampliamente discutido. Acusado de falta de sustancia, de propagar un mensaje vacio, sin significado Tarantino se siente muy a gusto consigo mismo. En medio de una conferencia de prensa para la presentación de Inglorious Basterds, Quentin Tarantino anunció que su nuevo proyecto, llamado Jack Rabbit Slim, será un homenaje a su director y escritor favorito de todos los tiempos: Quentin Tarantino. “He sido un fan de Tarantino desde que tengo memoria. Estamos hablando del director/escritor de nuestros tiempos por excelencia”, dijo QT. Y agregó, “Dios! Amo a Quentin Tarantino. Sí Jack Rabbit Slim es solo un tercio de lo buena que es Inglourious Basterds, entonces será una película tan buena que hará que el propio Tarantino la aplauda de pie. ¿Sabés qué? Te apuesto a que lo hará.” Ese discurso egocéntrico es habitual en sus declaraciones, además encuentra eco en las palabras de Christoph Waltz. El actor austriaco ha sido premiado por su interpretación de Hans Landa, el coronel poliglota, llevándose premios en Cannes, en los Golden Globe y en los SAG Awards. Cuando recibió el Globo de Oro, Waltz manifestó su admiración por el director de la película: Un año y medio atrás fui expuesto a las fuerzas gravitacionales de Quentin Tarantino, él tomó mi modesto pequeño mundo, mi planeta, y con el poder de su talento y sus palabras y su visión, arrojó dentro de mi orbita esas fuerzas gravitacionales. Una experiencia vertiginosa.”  

Aún cuando despierta rechazo o admiración la película funciona como homenaje freak, como secuencias muy bien logradas por separado que mantienen un nivel de tensión alto pero algo en el ensamble no termina de encajar. Tarantino abusa del chiste tarantinesco y parece no darse cuenta que después de todos estos años ha perdido su gracia: en algo debería innovar. O la gracia para él es otra, entonces convierte este en un acto plenamente egocéntrico. Si aceptamos que el chiste es repetido vale la pena juzgar como hipótesis que en Inglourious lo que vemos es en parte una segunda versión de Kill Bill. Por ejemplo el esquema de la niña que ve morir a su familia ya se había contado en Kill Bill en clave de homenaje al anime japonés, en Inglourious es con ella que nace la venganza. Ojo por ojo, venganza sin tonos grises. No hay barreras ni geográficas ni de idiomas para cumplir con esa venganza. Vamos a donde toque ir, hacemos lo que sea para obtener un poco de esa endemoniada jovencita que es la venganza. Venganza manufacturada en la misma época que Estados Unidos convirtió la venganza en el eje de su política exterior. No debe ser casualidad que el gran tema de estas dos películas sea la venganza (también lo es en Death Proof, su otra película posterior al 11 de Septiembre). En Kill Bill la venganza era un plato que se servía mejor frío; ahora en Inglourious Basterds la venganza se va a servir en caliente, judíos contra nazis, al calor de la guerra, en las llamas de un teatro.

Puede que la historia de los bastardos guste o no, y aún así hay que reconocer los grandes aciertos del director. Incluso las acusaciones de falta de mensaje pueden desactivarse argumentando que Inglourious Basterds celebra tanto el poder del cine para vencer la memoria histórica como la posibilidad de profanar lo que antes se consideraba sagrado. Todos los elementos que hemos analizado se combinan en una historia que mantiene la tensión, pero incluso cuando el nivel de tensión es más alto la convivencia de lo absurdo y lo trágico es evidente. En cada aspecto Inglourious es consistente con los principios del cine de Tarantino. Juliette Lewis señalaba que “con ASESINOS POR NATURALEZA me he dado cuenta con el tiempo de que la película es una sátira y que mi personaje es una caricatura, aunque yo lo llené de emociones humanas verdaderas. Pero para mí es un poco afectada. Es boba. Es demasiado exagerada para ser real.” El ejemplo es pertinente pues Asesinos por Naturaleza nace de un guion que el mismo Quentin Tarantino le vendió a Oliver Stone (quien luego lo reescribió parcialmente) cuando QT todavía no tenía la capacidad de financiar una película. Es por eso que ambas películas tiene en común además del escritor cierto espíritu caricaturesco que las mueve. Además, sólo así se explica el tipo de actuación tan contrastada que muestran Christoph Waltz, en el rol del coronel Hans Landa y Brad Pitt, como el teniente Aldo Raine. El primero se roba todo el protagonismo y soporta el peso dramático en las mejores secuencias de la película. El segundo es encargado para un rol que es todo exageración, una caricatura mal expuesta. Que Inglourious se trata de una caricatura, es un hecho que parece confirmarlo la presencia, aunque breve, de Mike Myers. No se vaya a tomar a la ligera este detalle: la caricatura siempre camufla asuntos serios. Al fin de cuentas Tarantino es esto y lo otro, caricaturesco y trágico a la vez, imitador y original, iconoclasta aunque atraído por la ley fascista más antigua, la del ojo por ojo. Contradictorio. Si. Fiel a sí mismo y al cine. Aburrido nunca. Lo mismo sucede con Inglourious Basterds y ese constituye su mayor merito.

 
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Última actualización el Lunes, 22 de Febrero de 2010 18:27