| La sangre y la lluvia |
|
|
|
| Escrito por Gustavo Adolfo Zapata Rico |
| Martes, 17 de Noviembre de 2009 14:49 |
|
![]()
Narra la historia de Jorge que a sus 30 años, tras la muerte de su hermano William, un paramilitar re insertado y líder en el gremio de taxistas, empieza a manejar su taxi. William fue asesinado por una pandilla de delincuentes liderados por el Teniente Gonzáles, un policía corrupto que maneja los hilos de una red de trafico de repuestos y asaltos a usuarios de taxis. William trabajaba en una banda bajo el mando de Don Héctor, un Paramilitar reinsertado que maneja una red de prostíbulos y tráfico de drogas. La historia se desarrolla cuando Jorge, sin desearlo, termina involucrado en el proyecto de asesinar al Teniente, pero éste se entera e intentará matar a Jorge, al mismo tiempo, aparece Ángela, quien acompañará al taxista en toda su aventura de muerte.
La violencia detrás de la violencia.
Colombia es un país en donde sus ciudades y zonas rurales viven sumergidas en la violencia, a veces proveniente de grupos armados, a veces de jóvenes sin esperanza y otras, de niños sin zapatos. No es necesario ir a cine para asistir a este espectáculo, la realidad lo presenta día a día, pero el mundo denotativo es parco y aburrido, no posee las sutilezas del arte. Es en este momento donde quiero hablar de La sangra y la lluvía, opera prima del director Jorge Navas (Cali, Colombia), película en proceso de convertirse en orgullo nacional por participar en el Festival Internacional de Cine de Venecia, entre otros certámenes importantes de Europa y abrir el Festival Internacional de Cine de Cali.
La sangre y la lluvia es un filme violento, crudo, incluso una película de terror si así le quisiéramos llamar. Pero su violencia está muy lejos de Hollywood o de sicarios en motos asesinando a plena luz del día. La violencia aquí mostrada es seca, silenciosa -a pesar de los gritos-, es el reflejo de lo que se ha convertido para los seres humanos la muerte y la guerra: un hecho cotidiano que sucede sin espabilarnos. El espectador verá heridos de bala, ropas con mucha sangre, accidentes de transito, los habitantes de la calle, las prostitutas, todo bajo la mirada de un lente que dice: “esto es lo que hay, lo que somos y nada lo cambiará”.
Siempre de noche y siempre lloviendo. Cuando se oculta el sol salen a las calles los anormales, los que no tienen rostro para mostrar en el día. Hay en esta película una reflexión de cómo es la ciudad de noche, especialmente en los lugares del centro de la ciudad, específicamente Bogotá; dueña de un centro peligroso, con el ladrón o el asesino al acecho. Gentes que van a la rumba, al alcohol como a una casa, vehículos conducidos por ebrios felices que mueren estrellados. Sirenas de policías y de ambulancias que interrumpen el silencio de la noche y el fisgoneo miedoso de alguna vecina, a través de su ventana, son constantes en la película.
![]()
Encuentro de dos soledades
Ángela y Jorge son muy diferentes; ella, artista plástica (o algo parecido) y él, taxista, ambos en diferentes clases sociales, no muy arriba ni muy abajo, pero sí distantes. Ella con las particularidades que da la vida profesional, él con las que le da ser taxista. Pero ambos igualmente solos, llenos de una soledad que los hace llorar en momentos de debilidad y que los une en un abrazo profundo. Jorge está sólo por la violencia, porque ha perdido a su hermano (un paramilitar reinsertado). Ángela se encuentra sola por causas occidentales, porque sí; lo tiene todo, una casa, un trabajo, pero eso no es suficiente para ser feliz, busca la noche para perderse en ella, beberse todo el alcohol que puede y meter toda la “perica” que también pueda, bailar con todos y no estar con nadie al tiempo, irse con el primero que se le atraviese en su camino y hallar una noche de sexo frustrada para volver a intentarlo de nuevo.
Ambas soledades van la una al encuentro de la otra, para curarse de lo duro que es vivir perdido en sí mismo. Nace en la película un afecto entre los dos personajes, ¿acaso amor? Dos desconocidos que inmediatamente al conocerse se portan como amantes inseparables, alargando el momento de la despedida, para que la hora de constatar la soledad sea postergada un poco más. Ángela, como los ángeles, ayuda a los tristes de la noche, al mismo Jorge quien se accidentara después de transportarla, a una mujer cualquiera que perdió a su esposo, su mascota es una gata recogida de la calle; Ángela quiere ayudar porque sabe lo mal que se siente ser un animal solitario en la lluvia.
Y así van Ángela y Jorge, bajo la lluvia que rápidamente limpia la sangre del pavimento, haciendo caso omiso de la violencia a su alrededor, porque ya les basta con la que los oprime, el angustioso secuestro al que los somete el villano: el Teniente Gonzáles. La maldad típica, materializada en la amenaza, en el uso de la fuerza; la humillación sexual a la mujer y los golpes para el hombre.
Finalmente, La sangre y la lluvia es una película que podemos inscribir en el género negro, por sus características formales en el montaje y el guión. Es inevitable recordar a Taxi Driver de Martin Scorsese, pero en esta ocasión con aguardiente y salsa. Pero antes que darle importancia a ubicarla en un “tipo”, lo significativo es señalar cómo este filme contribuye como aporte al cine colombiano, y a la comprensión de lo que somos como sociedad; ¿solitarios violentos, siempre condenados a vivir cien años de soledad?
|
| Última actualización el Jueves, 10 de Diciembre de 2009 13:35 |





