Ángel
El océano, espejo de los reinos celestes,
no fue suficiente.
Viniste del cosmos infinito a hacer de mí tu principado,
donde tuviste potestad absoluta, sin embrago,
reniegas de tus alas.
Sabía que eras ángel,
pensé que debía cuidarte pero no lo necesitabas,
tú eras el ángel, un ángel cayendo;
No necesitabas ayuda para agonizar,
con el fuego consumiendo tus blancas alas era suficiente.
Las llamas me expusieron demasiado,
tanto como para calcinar todo cuanto me quedó,
pero mis párpados, prisión de tu recuerdo,
intáctos, mutilan mi memoria.
Edípica suerte la que deseo:
Que mis ojos más nunca se abrieran
ni obstinadamente te volvieran a dibujar.
Estuve expuesto a las llamas,
extinguieron mis suspiros.
El Infierno me habita desde entonces
y cuando muera aún no se habrá ido.
¿Te necesitaba yo?
No estabas ¡Luna marchita!
No estabas ¡Astro maldito!
No estabas ¡Insoportable latido!
No estabas ¡Inminente estallido!
Te esperaba ¡Estúpida canción!
Autor del impronunciable llanto,
de los besos que destilaban toda mi alegría
y que tú no quisiste beber,
dueño infame de la vida que entregaba en barcos de papel.
Te soñé conmigo, ángel,
pero tú me lo enseñaste:
Yo no poseo el cielo
y allá no quieres volver.
