¿Realismo sucio? Una mirada al autor Pedro Juan Gutiérrez
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Resumen: El Realismo Sucio es una de las formas en que devienen los demás realismos desarrollados en la literatura latinoamericana. Influenciados por la camada de literatos estadounidenses de la década de los 30 sale a flote una nueva forma de expresión estilística que pone a su disposición una pluma dura, escueta, cotidiana, fresca; puede verse como escandalosa o provocativa, pero sin duda es una manera de mostrar la realidad de los pueblos: el inframundo, además es un hecho de esteticidad. Se trata pues de ver desde concepciones diversas en un autor cubano como Pedro Juan Gutiérrez su aplicación de realismo sucio en sus obras, contrastando con autores como Borges, Bill Buford, Todorov y Adorno desde la estética para llegar a las temáticas planteadas y vislumbrar un concepto tan sugerente como el realismo sucio.
Conceptos o palabras claves: Realismo Sucio, Pedro Juan Gutiérrez, realidad, literatura
De la realidad a la literatura[1]
La realidad está presente en la literatura. De ello no hay duda. Así como hay hechos en la realidad que parecen ficcionales. ¿Pero de qué modo logra involucrarse lo que vivimos, aquello de carne y hueso en las paredes blancas de un libro, o en las ideas vagas o estuplendidas[2] de un escritor?
No hay una respuesta concreta. Todo escritor juega con la realidad como quiere. Hace de las suyas mientras los demás –lectores, críticos, estudiosos, aficionados, la sociedad en su conjunto- intentan escudriñar las metáforas y las diversas analogías en una obra, en un autor para ver el parecido o tal vez los guiños hechos a eso que solemos llamar lo real. Pedro Juan Gutiérrez escatimando desde su azotea[3] y como si fuera él mismo un telescopio puso su ojo –quizás microscópico, tal vez macroangular- en la realidad cubana, en su realidad y sin importar –o por lo menos sin ser ella el centro- nos la puso frente a nuestras narices para olerla, sentirla, vivirla con aquel flujo e influjo de las palpitaciones de la literatura, porque su pluma revienta lo sinestésico y nos permite oler, saborear o más bien rumiar, instalarnos en todo caso en un flanco sórdido, oscuro o tal vez no tanto, en su obra. De tal modo, que antes de cotejar su obra y aseverar algo de ella, permitámonos bosquejar un intento de mirar la literatura en simbiosis o mejor en divorcio con la realidad, pues se rumora que es la realidad la que ha vertido los vestigios o acaso primeras ínfulas o materia prima para inscribir en las páginas de la historia de la humanidad sendas obras y autores.
En las obras de Pedro Juan Gutiérrez nos vamos a enfrentar a textos que parecen calcos de la realidad y el autor ha dicho que él no inventa nada, en una entrevista concedida para un diario español Pedro Juan conversa con el periodista y crítico Eduardo García Rojas, entre preguntas que van y respuestas que van cayendo, el escritor dice que él escribe por que se asombra de la realidad cubana: “Yo escribo sobre Centro Habana gracias al asombro, porque para escribir tienes que estar asombrado. Yo llegué a Centro Habana con 38 años y me asombró la forma en cómo la gente vivía. Hasta ese momento yo había sido un periodista oficial de la revista Bohemia y llevaba una doble vida, la de periodista y la del barrio, muy underground. Un submundo por el que parecía que la revolución no había pasado; casi detenido en 1959, solo esperaba un caldo de cultivo para que todas las esporas explotaran y volviera a suceder lo que aconteció cincuenta años antes. Y eso comenzó en 1991, cuando el país entró en crisis y yo empiezo a escribir porque me asombro ante lo que pasa ahí y porque eran historias que merecían contarse, y las estaba viviendo. Y a partir de ese asombro, no tengo nada que inventar sino escribir todo lo que sucede”[4]. Todo le sale de lo que observa y ve, y para hacer más complejo el asunto, el escritor vuelve su vida literatura, o sea que asevera qué él es un correlato de sus páginas. Por ello se hace necesario cotejar ese matrimonio divorciado de la literatura y la realidad, que al parecer en Pedro Juan cobra un nuevo aire de casamiento. La realidad va a la literatura, no es la literatura quien impulsa movilidades en la realidad, es la realidad la propiciadora de las diversas manifestaciones estéticas en las obras del escritor Pedro Juan.
¿Qué texto literario esta hecho sin pensar o tener alguna incidencia con la realidad? Tal vez ninguno, todos cuentan con un asidero en las circunstancias en que vivimos. La literatura se concibe como un campo de ficción, uno donde la ficción es la reina y la realidad una súbdita. La realidad está supeditada a todos los juegos maquiavélicos, astutos, fugaces, estéticos, de ruido, o de telón de fondo simplemente para situar la imaginería. La realidad solo va cogida de la mano de la ficción. Le sigue unos pasos atrás a la inventiva. Al respecto, el filósofo dice Michel Focault:
“…la literatura no está en absoluto hecha de algo inefable: está hecha de algo no inefable. De algo que por consiguiente se podría llamar, en el sentido estricto y originario del término, fábula. Está hecha, pues, de una fábula, de algo que está por decir y que se puede decir, pero tal fábula está dicha en un lenguaje que es ausencia, que es asesinato, que es desdoblamiento, que es simulacro, gracias al cual me parece que es posible un discurso sobre la literatura…”[5]
Desde los textos aparentemente míticos de la sociedad griega en donde brotaron los poemas Homéricos o las obras teatrales de Sófocles, pasando por un millar de libros producidos en las entrañas de cada país o época, todos ellos han de tener algo fabulesco: que la realidad se hibrida con la ficción o más bien que al ficcionalizar la realidad se vuelve más complejo pero más ameno vivir. La literatura ha producido múltiples movimientos, autores, ha gestado obras que se convierten en canónicas, pero luego de muchos siglos y de haber rotulado con el término literatura a todo cuanto se escribe, la crítica ha de considerar como en el siglo XVIII que lo literario ha de ser las bellas letras, es decir, solo aquello proveniente de una forma estética o de un logrado buen estilo. ¿Pero qué ha de pasar si volvemos a considerar como ficción lo que se escribe siendo real? Las aventuras escriturales de los realistas sucios en nuestros tiempos han de incorporar esta disquisición problémica a los estudios. Aunque valga el hecho para abalanzarnos de una buena vez a la intencionalidad asistida en este trabajo, la cual intentará más si ver que si lo escrito es o no real, es ver sus particularidades de estilo, eso que hemos decidido llamar los gestos estéticos del realismo sucio. Sin embargo, acá no nos dedicaremos a mirar si es realidad o no lo que está escrito, si obedece a asuntos verídicos, no, en suma, este trabajo trata sobre lo estético, sobre el hecho literario, el del juego, el del placer.
La estética, esa sombra con la que están cubiertos los textos, su piel, la parte esencial, su trascendencia, no hay otro elemento más apreciable, un texto no va a valer por otra cosa más que por su manera en que está construido y de allí parte su arquitectura, los hechos de trucaje con el lector, los rituales de lectura, los ejercicios de construcción textual, los juegos con la realidad, la inserción en un determinado movimiento o simplemente el contar con una huella que brinde las necesidades de expresión.
Ahora, volviendo a Pedro Juan al que la crítica lo ha situado en el realismo sucio, cabe muy bien la afirmación con la que empezamos este texto, en la cual la realidad va a la literatura. Sus textos están llenos de realismo, al lector por ratos se le puede olvidar que está leyendo ficción y podrá confundirlo con una obra biográfica o con un ensayo caricaturesco de la realidad cubana. Pese a todas las advertencias a hacer, tocar situar, con total contundencia el carácter literario de sus obras, no importa si estas, como si fuera un Borges, las hibride, pero en su caso, no va a ser, el artificio de la combinación de géneros, ni los dilemas filosóficos, en Pedro Juan el caldo de cultivo, lo que está en permanente cocción es la realidad. Por lo que su singular ejercicio es muy, en apariencia simple, ver, observar, vivir y luego escribir, ah pero escribir es todo un arte, requiere de profesionalidad, he ahí, un buen escrito, con una pluma que revienta las páginas en blanco y las va llenando de palabras, de vida, de muerte, de sexo, las unta con semen, con ideas pesimistas: una pluma que no escatima nada. Jugar con la realidad en medio de las páginas en blanco, las cuales, primero fueron escritas con aire, con sudor, con aventuras, con correrías, asuntos paganos y mundanos.
En la literatura, dependiendo del autor o el movimiento literario se van a usar unos recursos estilísticos, formales, de telón de fondo, ripios como decía Borges o sencillamente estéticos. En algunos casos la literatura ha transitado por géneros y esa fue una marca, un modo o más bien un arquetipo en la que los demás escritores veían un paradigma, muchas veces, como suele ser con el arte a trasgredir. Recordemos las diversas vanguardias protagonizadas en Latinoamérica y en el mundo, una de ellas no deja de ser del todo agradable con alguna secuela en nuestros días: el creacionismo de Huidobro o qué decir del futurismo, o como no decir que aun mucha de la literatura sigue siendo inscrita dentro del romanticismo o tal vez con algo de realismo mágico o de lo denominado por Carpentier como real maravilloso[6]. En cualquier caso, hemos sido también modernos.
Las manifestaciones estéticas son diversas. Tan diversas como las historias que se cuentan. Puede ser que de ellas se desprendan intereses de expresión o de rompimientos de formulas y estilos e instauración de nuevas formas. Como no se podría negar el hecho que las ventas también son una búsqueda para los escritores y en especial para las editoriales, es decir, no se trata solo de escribir, sino de ser reconocido, y ello, con algún beneplácito lo dan las cifras de ventas de las obras.
Podríamos repasar algunos de los tópicos expuestos en las obras de Carver o de Bukowski y advertir que Pedro Juan Gutiérrez se parece a ellos, no obstante, cada autor y cada obra van a tener sus propios enigmas, sus singulares artificios y su propia dinámica. De tal modo que exploraremos parte de ese universo en Pedro Juan.
Lo hecho por Pedro Juan Gutiérrez es una marca. Una donde al experimentar una dosis de realidad y otra más de estética, es decir, sus cuentos no son simple y banalmente una trascripción de la vida, de los hechos acaecidos y otra vez, no, son creaciones, son cuentos, poemas o novelas, el arte de contar con sus apartes, sus texturas, marcas, variados enigmas que hacen que un lector las viva, una tradición las acoja y un contexto les de sus diversas valoraciones, es un hecho igual más que estético. Dice Theodor Adorno en su libro sobre Teoría estética lo siguiente:
“Las obras de arte son imitaciones de lo empíricamente vivo, aportando a esto lo que fuera le está negando. Así lo liberan de aquello en lo que lo encierra la experiencia exterior y cosista. La línea de demarcación entre el arte y lo empírico no debe borrarse por un proceso de idealización del artista. Aunque esto es así, las obras de arte poseen una vida sui generis. No se trata solamente de su destino externo. Las que tienen sentido hacen siempre salir a la luz nuevos estratos, envejecen, se enfrían, mueren. Es una tautología decir que ellas, como artefactos y realizaciones humanas que son, no tienen la inmediatez vital de los hombres.”[7]
Acá la vitalidad, la esteticidad es puesta por el escritor, por Pedro Juan, aunque en algunas teorías se lea que el realismo sucio no posee ninguna estética, por aquello de estar inmerso en la realidad, es solo vivir y contar. No obstante, si ello fuera cierto todo lo escrito por los hombres luego de vivirse sería puesto en el ámbito literario. Por ejemplo, en Colombia hemos tenido, gracias al conflicto armado una extensa camada de libros que narran las experiencias de los exsecuestrados por la guerrilla o por los paramilitares, pero estos libros son solo experienciales y no estéticos, he ahí una diferencia. Estéticos son los de La virgen de los sicarios de Fernando Vallejo o Satanás de Mario Mendoza[8], por citar solo algunos de esa denominada camada de escritores de la sicaresca en Colombia y que bien podrían ser rotulados como realistas sucios. Caso aparte viene a ser Efraím Medina Reyes que no está a la sombra del narcotráfico o detrás de la historia de sicarios, aunque este solo de fondo, su obra es en esencia, testimonial, autobiográfica, y sin lugar a dudas es un realista sucio.
La estrategia de Pedro Juan Gutiérrez es la de escudriñar en la realidad, en sus aspectos más escuetos y cotidianos, para relatarnos, tal vez con un poco de lirismo, en otros casos de pesadumbre y en pocos de esperanza, no importa cuáles sean las variantes emotivas o temáticas de su obra, la vida juega con nosotros de acuerdo con los altibajos propios del devenir, unas veces con mayor imperancia van a ser las correrías de Pedro Juan el protagonista siendo todo un Rey o un animal tropical follando, como no ha de dejar en alto la realidad de Cuba, los personajes anodinos, sus asperezas y la vida cotidiana. Su pluma no se limita, ni guarda sutileza para narrarnos los aspectos del Malecón en la Habana, la sexualidad al extremo, las situaciones impúdicas y lascivas, los hechos de corrupción política, las sandeces y peripecias de un habitante cualquiera o hechos de enajenación humana.
Mientras que muchos escritores movilizan sus planes de escritura en aspectos de la fantástica, lo maravilloso, lo sorprendente, lo real real, lo mitológico, lo panfletario, lo tensionante, lo histórico, en fin, en todo ese campo universal en la literatura encuentra sus ecos o coberturas, Pedro Juan no cuenta con mayores argucias más que las de ser un perceptor ávido y expectante de las situaciones de la vida, de la realidad. De aquellas donde el ser humano se refugia, habita, interactúa, se socializa o se inventa.
De esta manera salta el animal a flote, leemos en uno de sus cuentos: “Sacas el animalito que está dentro de mí. Lo haces gozar. Mientras, tú te transformas, deliciosa, salvajemente, en el animalito que está dentro de ti”[9]. Ese animal que transforma – si el término se entiende como volver a crear- un rincón o un pedazo de la vida en los libros, esta vez para sortear toda clase de interacciones con sus lectores. Su ser se nos muestra ante las miradas de muchos como extraño, inmoral, y los criterios a consideración se pongan cuando de valorar la literatura se refiere. No obstante, los extranjeros, los inmorales parecemos nosotros que nos hacemos al margen o preferimos obviar los acontecimientos de la realidad que no queremos mirar, explorar o que vivenciamos de forma encerrada, como si estuvieras retrotrayendo aquella idea del escritor encerrado en un altillo o en una burbuja de cristal –comparado esta vez como lector-, el lector conversador que hurga en las páginas de los libros pero tiene temor de enfrentar su propia realidad.
Pedro Juan nos sorprende escarbando en la basura, metiendo las narices y hurgando detrás de los patios de las casas, en la cocina de la política, en los callejones de las ciudades por las que pasa con sus personajes, pero también hace de su lecho, de su morada, de su casa y sus fruiciones o circunstancias de vida el material indiscutible para dejarnos tal vez estupefactos o encantados, incluso asombrados, aterrados, o impúdicos por hallar una voz dinámica y contundente de tratar la realidad en hechos en apariencia, o en simulacro –para seguir parafraseando a Borges-.
La realidad es una frontera desdibujada en la ficción. Pues a veces florece maximizada en sus historias, pero al parecer es la ficción la trama, el hecho, la sustancia que no deja la realidad porque en la vuelta de nuestras esquinas reside un hecho literario que de seguro a la vista de Pedro Juan no se le escaparía. Cada hecho, sorprendente o no, es una historia ambulante, un hecho literario.
Dentro de su trayectoria escritural[10] podemos pasearnos por géneros tan exigentes como el cuento, tan rigurosos como la novela, tan trascendentales como la poesía, y una de sus obras, quizás la más conocida sea Trilogía sucia de la Habana, el trabajo en el que se topa uno con un escritor que combina la elegancia del cuento con la sagacidad de la narrativa mayor: la novela. Porque aun siendo estos como relatos que pueden leerse sin un orden, es decir, fragmentados, lo que hizo el escritor fue darles un norte y ensamblarlos para producir una obra madura y llena de artificios. Sus relatos –los que están al interior de Trilogía sucia de la Habana- pueden entonces asumirse como independientes, sin embargo al ser presentados de forma compacta hacen que el lector pueda tomarse un rico cóctel de agudas miradas sobra la Habana, sus jineteras, los desadaptados, los comemierda[11], los que están ahí en la vida cotidiana completando el cuadro de angustia o de felicidad de la vida. Y no se ha de escapar el indudable personaje Pedro Juan (la disolución del yo escritor con la del yo personaje[12]) con sus diversas andanzas.
El realismo sucio puede verse como un rótulo o una etiqueta que pueda definir o presentar la propuesta narrativa de Pedro Juan, no obstante, cualquier clasificación y/o comparación podría sesgar las aperturas que pueda contener una propuesta estilística como esta. De todas maneras sí se puede asegurar, independientemente las caracterizaciones que su obra se levanta sobre un aspecto duro: la realidad, esa que se despliega en sus páginas y que al leerlas uno ya no ve con los mismos ojos a la Habana o incluso al escritor porque un ojo o una cámara se ha colado como testigo entre nosotros y nos ha hecho ver los puntos críticos, neurálgicos, los del pasar, aquellos ocultos por su constancia y la falta de asombro. La Habana está puesta sin mantas o más bien es mejor referirnos a esas mantas como lo que llaman ficción o estética, pero no hay cortinas de humo, más que las dadas por su pluma fuerte. Es preciso referirnos a un aparte de la obra Trilogía Sucia de la Habana, para presenciar lo que está vertido en las páginas de sus obras:
“Lo mejor es la realidad. Al duro. La tomas tal como está en la calle. La agarras con las dos manos y, si tienes fuerza, la levantas y la dejas caer sobre la página en blanco. Y ya. Sin retoques. A veces es tan dura la realidad que la gente no te cree.”[13].
Si uno vive la realidad, ella te produce múltiples sensaciones. Pero al leer la obra de Pedro Juan ella cabalga sobre nosotros haciendo que reaccionemos frente a los hechos estéticos. Cada volteo de hojas de sus obras hace que un halo inexplicable vaya apoderándose de nosotros y es imposible no devorarla por completo. Aunque luego de unas tantas, uno comprenda que es la obra la que ha succionado nuestras experiencias más recónditas. Aquellas las cuales apenas insinuamos en nuestra mente o si han sido vividas no son por ahí para estarlas contando. Aunque Pedro Juan no guarda ninguna prevención frente al hecho de dejarnos intrigados entre la realidad convertida en literatura.
[1] Encontré en el bosquejo bibliográfico un libro llamado con este mismo subtítulo escrito a propósito de la obra de Sergio Pitol en las que se recogen algunas de sus conferencias y análisis sobre la literatura universal. PITOL, Sergio, De la realidad a la literatura. Fondo de Cultura Económico de España y el ITESM. México, 2003.
[2] Retomamos este término que es en sí una palabra compuesta salida del los libros de Cortázar. Estuplendido, una mezcla de estúpido y esplendido.
[3] La azotea es un lugar privilegiado, es de allí donde el escritor y a su vez el personaje de sus obras Pedro Juan va poder detallar la realidad así como vivirla. De la azotea dedicaremos unas líneas más adelante para ver su magnitud.
[4] Entrevista publicada en el diario La Opinión de Tenererife, llamada Escribo sobre centro Habana por asombro, hecha por el periodista Eduardo García Rojas, No. 422, 14 de febrero de 2009. Consultada en la página de internet: www.pedorjuangutierrez.com. El link completo es: http://www.pedrojuangutierrez.com/Entrevista_ES_La%20opinion%20de%20Tenerife%20(2009).htm. El autor ha creado su propia página como una forma de conectarse con eso que llamaría Mc Luhan la aldea global, con sus lectores y con la crítica. En su página podemos encontrar desde apartes de su obra, que es tan variada como rica, es decir, desde pinturas, fotografías del propio hechas por Pedro Juan, hasta fragmentos de sus novelas, pasando por ensayos de expertos, entrevistas. La página cuenta con más de 7 idiomas y eso da muestra de la marca del escritor con el mundo, un cubano, una isla que gracias a su literatura recorre el mundo.
[5] FOUCAULT, Michel, De lenguaje y literatura. Ediciones Paidós. Barcelona-España. 2006. Pág. 66.
[6] Alexander Prieto Osorno, identifica cinco tendencias en la actualidad en la Literatura Latinoamericana en un texto denominado Literatura de cajón, publicado en la Revista Onmnibus: “Cinco ámbitos temáticos y estilísticos constituyen el grueso de la producción desde los años noventa: el "realismo sucio", las historias de travestis y homosexuales, la literatura "existencial" juvenil (o "novela joven"), la ciencia-ficción y la novela policial (o "novela negra").”. esta valoración coincide con la de muchos otros. De tal modo, que parece ser que a nuestros autores o literatos les interesa más vender que “mostrar” la realidad, o pecar mostrar de exceso de realidad.
[7] ADORNO, Theodor W. Teoría estética. Ediciones Akal. Madrid- España. 2004. Pág. 324
[8] Aunque toda la obra de Mario Mendoza cuenta con el aval de estar bien escritos. Sus obras, que están dentro de la línea dura, es decir, unas realidades muy próximas a los colombianos, están es esencialmente bien escritos, de ahí que perduren.
[9] GUTIÉRREZ, Pedro Juan. Melancolía de los leones, Ediciones Unión, La Habana- Cuba. 200º. Pág. 67
[10] Ya hemos referenciado que la vida de Pedro Juan es ya de por sí literaria. Pasa de vender helados, participar en guerras en África, estar refugiado en su azotea, por ser un escultor, periodista, literato, y todo ello parece salir de su vida, esa la que está en sus páginas, en sus obras artísticas. Ahondaremos más en su biografía adelante.
[11] En la isla de Fidel la palabra comemierda, se refiere a los que no hacen nada, son vagos, yerran por el mundo sin un norte fijo. Si revisamos este término en el libro El habla popular cubana de hoy de Argelio Santiesteben, encontramos por comemierda: es igual a comebola a comequeque. Dícese entonces de una forma despectiva de llamar al ingenuo, al crédulo. Encontramos expresiones así ¡toda tu vida no vas a ser más que un comemierda¡ (M. Kuchilán: Fabulario, 1970). Extraído de SANTIESTEBEN, Argelio. El habla popular cubana de hoy. Editorial de Ciencias Sociales de La Habana, 1985. Pág. 111-112
[12] Este aspecto será tratado en el capítulo 2 en los gestos estéricos del realismo sucio, resulta un tema de interés para la literatura testimonial y de este tipo, donde las yoces se confunden, se mezclan.
[13] GUTIÉRREZ, Pedro Juan. Trilogía Sucia de La Habana. Editorial Anagrama. Barcelona- España. 1994. Pág. 103