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De la actualidad a la interpretación del ensayo
Escrito por Alicia Amattí   

 

 

“Nosotros los hispanoamericanos hemos sido, por nuestro pasado, conquistadores y conquistados, coloniales, ilustrados, liberales, conservadores y revolucionarios. ¿Pero realmente hemos sido todo esto, en el sentido en que por haberlo sido no tenemos necesidad de volver a serlo?”

Leopoldo Zea

“El pensamiento Latinoamericano”

 

 

 

 

El ensayo, desde múltiples perspectivas, debe entenderse como proceso liberador, de no ficción, que permita al lector comprender el mundo desde otras miradas, otros conceptos, y hacer de ese cosmos que en ocasiones resulta inexplicable algo llevadero y comprensible, que le permita al individuo preguntarse y ubicarse dentro de un contexto determinado, como sujeto pensante, generador de ideas, de sentimientos y virtudes que puedan ser transmitidas a través de códigos universales.

 

Como mujer, latinoamericana, dentro de un contexto determinado, intento re- elaborar pensamiento a partir de la deconstrucción de paradigmas, re-elaboración de ideas y conceptos que permiten pensar el mundo desde una mirada hispanista, Latinoamericana, Colombiana, observar el universo a través de algún caleidoscopio que permita develar los rasgos que nos hacen, nos comprenden y nos configuran como sujetos de pensamiento dentro del mundo a interpretar.

 

Hablar de cambios simboliza el funcionamiento de la sociedad, que desde sus inicios se ha visto en la difícil tarea de realizar movimientos que logren la libertad del ser humano en todas sus dimensiones. La libertad como proceso de independencia mencionado en dos obras base que usaré a lo largo de mi ensayo para explicar los procesos del ser Latinoamericano, la actualidad del tema y la interpretación del mundo según la mirada de diversos autores que tendré en cuenta para la elaboración de ideas como anclaje de significados.

 

La revolución invisible de Jorge Gaitán Durán y Ariel de José Enrique Rodó simbolizan cada uno, en su dimensión poética el significado de libertad interior e independencia de ideas, conceptos que más adelante ampliaré respectivamente.

 

La revolución invisible configura el universo ideológico del autor, una mirada sin duda perspectivista desde el ámbito intelectual, como personaje que vive una realidad histórica y cultural determinada y por ésta razón difunde pensamiento y genera ideas a partir del ensayo, escrito a la luz de la violencia y la repercusión que tiene sobre la Colombia de ese entonces, y que, visto hoy resulta conmovedor, que muchas de las situaciones que son ahí mencionadas (la violencia, el frente nacional, pasiones inútiles) no han cambiado demasiado.

 

Colombia sigue siendo pilar de violencia y desasosiego, una tierra aislada quizá, donde la muerte se ha convertido en suceso diario, y esa mirada que nos permite Gaitán Durán nos lleva a la comprensión de ese país que a ratos deja de ser nuestro, para los que no pierden la capacidad de asombro y creen que aún es posible establecer revoluciones y cambios a través del pensamiento, de generar ideas tal como invita Gaitán Durán, develando el universo a través de sus ojos, ojos que le permite al lector para entender una realidad que resulta increíblemente cierta.

 

La libertad entonces se convierte en el motor de búsqueda del autor, una libertad que aunque resulta paradójico es aun ajena dentro de nuestra cosmovisión: “…No es posible que, mientras el país se desarrolla y supera sus abrumadoras limitaciones estructurales, vayamos a ser modelados espiritualmente por la censura, la intolerancia y el fanatismo. Para mí la libertad, aun en sus formas más extremas, no es una farsa o un recurso demagógico, sino una necesidad humana que hay que defender cotidianamente”[1].

 

La libertad que debe alcanzar el individuo Colombiano y más aun, Latinoamericano es la conciencia de independencia interior, partir desde lo individual para hacernos seres pensantes, que a través de procesos de comprensión empecemos la labor de develar la historia al servicio de no cometer errores pasados y más importante entender que debemos romper moldes, esquemas que nos configuran como seres, en muchas ocasiones rudimentarios.  

 

Rodó de alguna manera, en Ariel, va a exponer de manera magistral, en su ensayo un llamado a la juventud para que salga a revolucionar, a generar espacios e ideas, Ariel desde su carácter social, comunicativo, ejemplifica el discurso de ideas, el mismo que Martí a través de las palabras como constructoras de pensamiento y universo axiológico.

 

Ya Rodó le diría a Enrique José Varona en una carta enviada el 7 de mayo de 1900: “…Tengo, además, otro propósito al remitir a usted mi Ariel. Es, éste, libro de propaganda, de combate, de ideas. He querido proponer en sus páginas, a la juventud de América Latina una “profesión de fe” que ella pueda hacer suya.”[2]

 

Rodó entonces, a través del Ariel toma el papel del Mago y se dirige a la juventud como el futuro, como generadores de ideas que permitan la construcción de una Latinoamérica que no se deslumbre por la supuesta civilización norteamericana sino, al contrario, respire, suspire y evoque la atenea de la acrópolis, un llamado para entender y comprender el ser latinoamericano desde la perspectiva hispanista, de elaborar conceptos que permitan comprender la realidad desde otro punto de vista, desde la realidad simbólica, el ser humano como HUMANO productor de pensamiento.

Dentro del texto de Skirius, hay apartes de Rodó muy interesantes, un ejemplo lo encontramos en Motivos de Proteo : “…Cambian los pueblos mientras viven; mudan, si no de ideal definitivo, de finalidad inmediata; pruébanse en lides nuevas; y estos cambios no amenguan el sello original, razón de su ser, cuando sólo significan una modificación del ritmo o estructura de su personalidad por elementos de su propia sustancia que se combinan de otro modo, o que por primera vez se hacen conscientes; o bien cuando, tomado de afuera lo nuevo no queda como costra liviana, que ha de soldarse al soplo del aire, sino que ahonda y se concierta con la viva armonía en que todo lo del alma ordena su impulso.”

Los pueblos entonces empiezan a tomar caminos divergentes, Rodó y Durán de alguna manera exponen a través del ensayo el cosmos hispanoamericano. Durán muestra el panorama Colombiano y propone algunas reformas y Rodó el pensamiento latinoamericano desde la libertad y las ideas. Ellos como escritores son conscientes de su labor de intelectuales, del inmenso compromiso que genera ser sujeto de pensamiento en estos tiempos violentos, donde la sangre es ahora la que escribe la historia y los escritores somos relegados a la amenaza y al sosiego cuando nos atrevemos a denunciar, a hablar, a construir crítica a través de las letras, del ensayo, del mundo interpretado.

Estos autores nos recuerdan la emergencia del ensayo en tiempos difíciles, ya lo diría Claudio Maíz en los problemas genológicos del discurso ensayístico, el hombre de la edad media carecía de voluntad, de introspección ya que seguía ciertas reglas que no le permitían ser en todas las dimensiones posibles, es por esta razón que Maíz resalta la individualidad que trajo consigo el renacimiento como la corriente que fortalecería los cambios a futuro.

Se ensaya entonces la percepción del mundo, del sentido que se le da por determinado autor y es esta la visión de ese universo que él ha decidido trazar como suyo, empezar a develar ciertas situaciones, la representación de la subjetividad, la conciencia de la individualidad.

Para complementar, debo decir que dentro de los procesos de colonización, se han implantado modelos de civilización europeos, instaurando así una especie de retroceso en el sistema del pensamiento, “inyectar” ideologías medievales en tiempos renacentistas es un poco lo que ha pasado con Latinoamérica según nuestros autores base.

Latinoamérica entonces, ha tomado los conceptos europeos y se ha encargado de re-elaborarlos, de re-construirlos y recrearlos en un determinado espacio, bajo otras perspectivas y otras condiciones, se re-estructura el pensamiento europeo y se empieza a pensar que el ensayo como voluntad expresiva no nace precisamente de Montaigne, el ser Americano implica mucho más, inventar y re-inventar el mundo uno y otra vez bajo parámetros simbólicos que permitan revelarlo.

El universo axiológico y de las opiniones (ensayo) son entonces fragmentos de pensamiento sustentados en argumentos, visiones e interpretaciones que le permiten al lector sugerir nuevas ideas mundo y formas de ser interpretado sin que ésta sea, por supuesto una verdad absoluta, sino al contrario originar debate y conciencia si se quiere a partir del cosmos de las ideas y la investigación histórica en la cual se apoya.

Gaitán Durán nos entrega una visión de la Colombia subyugada, de la Colombia que algunos intelectuales deciden formar revoluciones invisibles para escapar de la violencia que los persigue, épocas que resultan similares a las que vivimos ahora, sólo que en otro tiempo el espacio sigue siendo el mismo, los totalitarios son otros pero en esencia siguen siendo los mismos, la libertad se convierte en un juego, en una estrategia, el consumo se apodera de nuestras masas (Ya lo diría Rodó) y el sistema acaba por apoderarse de cada rincón. Labor pues del intelectual generar discusiones en torno al cambio y a las revoluciones de ideas, las trincheras de ideas que mencionaría Martí en su discurso “Nuestra América”.

Durán sugiere, según Urriago: “En una década turbulenta, a lo largo de la cual afloraron la desesperanza y la crítica, Mito y La revolución invisible representaron, quizá por primera vez en Colombia, la toma de conciencia clara e independiente del intelectual dentro del panorama de nuestras letras, anquilosadas en medio de aquellas "creencias unilaterales" sustentadas en el conservatismo y el clericalismo.” [3]La revolución invisible se presenta entonces como opción, como muestra del pensamiento diferente, como panorama prometedor dentro de la crisis de una política repartida injustamente.

La actualidad del tema entonces radica en los temas que pretenden defender los autores desde sus perspectivas americanas, la defensa de lo latinoamericano, de lo hispano como proyecto de desarrollo, a pesar que en ocasiones, en la revolución invisible se nos recuerde que el Colombiano es una “pasión inútil”, y que mucho de lo que dice Durán en su ensayo es totalmente comprobable en estas épocas de guerra, donde los vestigios del pasado vienen a hacer estragos en el futuro.

Es interesante y conmovedor a la vez que el ensayo que fue escrito en el 50 aproximadamente a través de procesos de contextuación, muchas de las situaciones que son ahí mencionadas no han cambiado mucho, en la revolución invisible se habla de una libertad interior que al parecer aun no hemos alcanzado, no hemos utilizado la labor intelectual para modificar anquilosados pensamientos, aun no aplicamos el proyecto total que mencionaba Durán : “…Para que la burguesía consiga superar sus limitaciones internas y emprenda el proyecto total que le permitirá al país vencer su honda crisis, tiene que sufrir tres presiones indispensables: la del proletariado, basada en la necesidad; la del Estado, basada en la planeación; la de los intelectuales, basada en la lucidez que sólo la cultura otorga.”

No muy alejado estaría Rodó, al plantear lo siguiente : “¿No la veréis vosotros, la América que nosotros soñamos; hospitalaria para las cosas del espíritu, y no tan sólo para las muchedumbres que se amparen a ella; pensadora, sin menoscabo de su aptitud para la acción; serena y firme a pesar de sus entusiasmos generosos; resplandeciente con el encanto de una seriedad temprana y suave, como la que realza la expresión de un rostro infantil cuando en él se revela, al través de la gracia intacta que fulgura, el pensamiento inquieto que despierta?... 

La labor del intelectual, es entonces, como mencionaba anteriormente, ir más allá de horizontes visibles, interpretar realidades para hacerlas comprensibles, para que puedan ser transmitidas y empezar a escribir una nueva historia latinoamericana, la defensa de la hispanidad, la labor intelectual en el Estado, la difusión de ideas que no mueran en el proceso, sino, al contrario se hagan fuertes, se diversifiquen. Lo intelectual como interés social, como labor ardua, que el porvenir sea entonces el nuevo trazo que se le de al mundo, lo intelectual como poema, como proceso evolutivo, como factor que incida en la construcción del humanismo que tanta falta nos hace, emprender puntos hermenéuticos que permitan comprender la realidad desde otras visiones de mundo.

Liliana Weinberg  en el “ensayo entre el paraíso y el infierno” diría algo muy importante que atraviesa el texto de Rodó y Gaitán: “Conocer será distanciarse del discurso dominador ya armado.”  [4]Y en eso radica una vez más la labor del intelectual, el interés social de saber para marcar distancias con los viejos discursos que pretenden someternos al yugo, al proyecto de lo que ellos pretenden que seamos,  y qué mejor que la Literatura y los libros para permitirnos conocer eso que más adelante ayudará a alejarnos de los que pretenden manipularnos desde el discurso.

“El ensayo se despliega así en un espacio público, en una socialidad simbólicamente traducida, como afirmación o como nostalgia de una vida comunitaria” [5]La labor del ensayista es entonces hacer de los conceptos diálogos que permitan a la urbe entender de qué se trata el tema, decodificar, subrayar símbolos, demarcar espacios, construir ideas a partir de las establecidas, cambiar, modificar, construir universo.

El ensayo como la interminable búsqueda de expresión, tomar el universo y hacerlo comprensible a través de procesos que lo permitan, la historia le sirve al ensayo como método y estrategia fundamental para la argumentación, y de la historia se sirven Rodó y Gaitán entre otros ensayistas, y gracias a esa historia contada se nos permite revisar el pasado, entender y re- construir los hechos bajo otras miradas posibles.

La representación del mundo a partir de la experiencia individual problemátiza al ensayo, debate en torno al símbolo, a lo cultural como materia prima. Es entonces, desde el intelectual americano donde se empieza a construir ideas y formas a partir de la palabra, la misma que revoluciona, cambia y transforma la historia partiendo desde sus inicios.

El ensayo es entonces método, forma, situación. Rodó y Gaitán lo exponen de manera magistral, cada uno con sus perspectivas, sus maneras, un Gaitán que habla desde lo más profundo con un lenguaje a ratos sarcástico, irónico, pero que retrata una realidad pululante, una Colombia que aún se respira en la calle. Rodó por medio de un lenguaje clásico nos remite al numen, a la figura de la identidad por medio de procesos de conocimiento, pone al lector en la labor de la investigación, de la hermenéutica, a remitirse a autores quizá desconocidos para muchos.

El diálogo que establece Rodó y Gaitán es claro, es un llamado a la libertad, a la identidad. Uno de los fragmentos más interesantes de Ariel a mi parecer: “… Es difícil que cuando el extranjero divisa de alta mar su gigantesco símbolo: la Libertad de Bartholdi, que yergue triunfalmente su antorcha sobre el puerto de Nueva York, se despierte en su ánimo la emoción profunda y religiosa con que el viajero antiguo debía ver surgir, en las noches diáfanas del Ática, el toque luminoso que la lanza de oro de la Atenea del Acrópolis dejaba notar a la distancia en la pureza del ambiente sereno”[6]

El llamado a la juventud es claro entonces, el llamado a la lucidez, a la cultura, a la propagación de ideas, a establecer reflexiones que generen debate y propicien la libertad interior y exterior que tanto anhelamos los latinoamericanos, dejar de sentir el yugo de una civilización aplastante y empezar a construir nuestro propio universo en torno a la identidad que tanto trabajo ha costado erigir, la identidad que no puede irse detrás del consumo y la globalización, un llamado a la libertad acompañado de la intelectualidad y la capacidad de construir y re-construir posibilidades de mundo, el mismo que nos presenta el ensayista, el que nos presta su mirada y nos permite volver al pasado para entender, que el proceso de identidad no depende del intelectual, sino, al contrario, debe convertirse en el interés social tan mencionado, obra de todos y para todos, donde se respire la defensa de lo hispano como mecanismo de defensa ante la arremetida totalitaria.

El llamado es entonces a revolucionar, a defender la posición que nos identifica como seres latinoamericanos y pensantes a través de procesos que nos permitan acercar a los que no conocen para empezar a construir mundo, universo, Latinoamérica como generadora de ideas, revolucionar a través de la palabra.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

·         RODÓ, José Enrique. Ariel. Ediciones Universales, Bogotá. Pág. 107

 

·         GAITÁN DURÁN, Jorge. La revolución invisible. Apuntes sobre la crisis y el desarrollo de Colombia. Bogotá: Tierra Firme, 1959. Instituto Colombiano de Cultura. Página 24-25

 

·         WEINBERG, Liliana. El ensayo, entre el paraíso y el infierno. México: UNAM- Fondo de Cultura Económica, 2001.

 

·         URRIAGO BENÍTEZ, Hernando. “La revolución invisible de Jorge Gaitán Durán y la tradición del ensayo en Colombia” En Estudios de Literatura Colombiana, No. 17, Maestría en Literatura Colombiana, Universidad de Antioquia, 2005. Edición digital.

 

·         SKIRIUS, Jhon. El ensayo hispanoamericano del siglo XX. 3 ed. México: Fondo de Cultura Económica, 1994.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] GAITÁN DURÁN, Jorge. La revolución invisible. Apuntes sobre la crisis y el desarrollo de Colombia. Bogotá: Tierra Firme, 1959. Instituto Colombiano de Cultura. Página 24-25

[2] SKIRIUS, Jhon. El ensayo hispanoamericano del siglo XX. 3 ed. México: Fondo de Cultura Económica, 1994. Página 67

[3] URRIAGO BENÍTEZ, Hernando. “La revolución invisible de Jorge Gaitán Durán y la tradición del ensayo en Colombia” En Estudios de Literatura Colombiana, No. 17, Maestría en Literatura Colombiana, Universidad de Antioquia, 2005. Edición digital.

[4] WEINBERG, Liliana. El ensayo, entre el paraíso y el infierno. México: UNAM- Fondo de Cultura Económica, 2001. Pág. 56

[5] WEINBERG, Liliana. El ensayo, entre el paraíso y el infierno. México: UNAM- Fondo de Cultura Económica, 2001. Pág. 57

[6] RODÓ, José Enrique. Ariel. Ediciones Universales, Bogotá. Pág. 107

 

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