Un paraguas y una máquina para escribir memorias hidratadas
El objeto de este texto no es exactamente el agua, sino más bien lo que hay alrededor o dentro: el medio ambiente, el espacio del entorno y nosotros, que como dicen los filósofos Misak de Silvia, Cauca: "somos hijos del agua y la palabra, porque según nuestra historia venimos del agua, por eso el agua es tan importante para nosotros".
Lo que es seguro en todo caso, es que en una época, sin duda demasiado lejana como para que alguien de nosotros haya guardado un recuerdo suficientemente preciso no había nada de esto:
Recuerdo que mi abuela me contó que llegó al valle navegando el río Cauca cuando aún había manatíes que amamantaban a sus crías y cantaban un lamento desgarrador como de mujeres llorando cuando encallaban, por eso los confundían con sirenas, y que ella, como era una niña de 6 años en 1920, miraba el encuadre de la ventana y veía las copas de los árboles ir de un extremo al otro ¡los árboles están corriendo!-dijo- y un vaporino (así conocían a los choferes de esos vapores de 2 pisos y 2 chimeneas) la levantó en sus brazos y le dijo: abre los ojos bien y mira, y le explicó que era solo una percepción desde su punto de vista y que realmente al ver a la luz de la razón, los árboles no se movían, sino que el barco estaba siendo atravesado por la corriente del río, que llevaba caimanes, garzas, pero que con la aceleración del motor no dejaba escuchar los murmullos del pasado de los antepasados indígenas que derramaron su sangre en el río para ser arrasados de sus tierras por los conquistadores que aparecen en las historias de mi fortuna de libros empolvados.
Actualmente hay cambios sociales: en la orilla del río Cauca actualmente no hay manatíes, sino las mal llamadas 'invasiones' de desplazados por la violencia armada creada por la avaricia infinita de nuestros gobernantes y los gobernantes de nuestros gobernantes (latifundismo). Las personas que viven allí no se bañan porque varios han muerto de choques sépticos (infecciones). En uno de estos asentamientos humanos sin acueducto ni alcantarillado, en una casa construida con cartón y latas vive un fotógrafo que, cuando lo avisa el tufo nauseabundo de la mortecina, se alista a retratar los cadáveres humanos que pasan flotando con gallinazos encima, y allí van mujeres de verdad a llorar a sus queridos desaparecidos cuando encuentran una polaroid instantánea con la evidencia del cuerpo que ya esta obstaculizando la bocatoma del acueducto la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales, amasado con los fetos, condones y otros desechos plásticos que van sueltan por los retretes del Suroriente del Valle, según me han contado los practicantes de las pasantías de la Universidad del Valle.
Recuerdo unas fotos que recibí en el correo electrónico que mostraban unas dragas que habían destruido el río Dagua para extraer oro.
Recuerdo que en San Cipriano, otro santuario natural turístico que lleva el nombre del río que es afluente del Dagua, el ejército de Colombia ametralló a una pareja de estudiantes porque cruzaban un puente del ferrocarril a la 1 de la mañana para franquear uno de los ríos más limpios del mundo. A ella la mató una bala que impactó en su maxilar estallándole la cabeza y él quedó herido en su pierna. Ambos cayeron al río y fueron trasladados por sus victimarios hasta el hospital. Un general declaró que a sus unidades les pareció ‘sospechoso’ que caminaran por el único camino que hay para caminar en ese punto. (La Grande Ilusión: no disparaban a los turistas que cruzaban el puente una vez había amanecido: un dispositivo de lucha nictimeral).
Recuerdo una canción de Fito Páez y Joaquín Sabina que dice: “hay una lágrima en el fondo del río de los desesperados”.
Recuerdo que en mi colegio había una estatua de una virgen en una fuente que derramaba agua de color rojo por la iluminación de bombillos rojos.
¿Alguien recuerda la frase ‘agüita para mi gente’ y las imágenes de agüita fresca refluyendo por los brazos y espaldas de la multitud surcada por vendedores de maní y rosquillas?
Recuerdo que donde queda actualmente la montaña de basuras conocida como el basurero de navarro, antes quedaban fuentes de agua
dulce y humedales ahora contaminados por lixiviados.
Recuerdo que para descontaminarlos se tardarían diez mil años si comenzaran cuando usted termine esta línea.
¿Cuánto cuesta mantener encendidas las fuentes de los centros comerciales, el parque de las aguas de Medellín?
Recuerdo que en una playa de La Habana vi flotando sobre las olas un pollo decapitado: un sacrificio Yoruba.
Recuerdo que en cuba las personas pagan por el agua 1 peso cubano (aprox 100 pesos colombianos) por cada habitante de casa, y que tienen una planta de tratamiento que limpia los canales antes de su desembocadura al mar, lo cual no pasa en Colombia y por eso, al menos en la costa pacífica, hay una nata de mierda y jabón flotando entre los bañistas o viceversa.
Recuerdo que los estudios ambientales dicen que el valle del Cauca está en proceso de desertización por el monocultivo extensivo de caña de azúcar, que se implementó en Colombia en un área del tamaño de Costa Rica después del bloqueo económico a Cuba, antiguo proveedor de EEUU. Este monocultivo agota las aguas del subsuelo y extingue los nutrientes de la capa de humus.
Recuerdo que de la caña de azúcar producen el aguardiente y que el exceso de bebida produce el guayabo por deshidratación.
Recuerdo que la industria de licores del valle contaminó el río Cali al que antes iban l@s habitantes de la ciudad a lavar la ropa y a bañarse.
Ahora van a Pance aproximadamente siete mil personas cada fin de semana. La vida del rio se degenera por la extracción de grava, vertimiento de aguas negras y grises por parte de la urbanización informal que crece sin ningún control y usurpación ilegal del recuso hídrico por parte de la urbanización formal de condominios ultralujosos estrato 6 y 8; en balnearios y otros negocios usan el agua del rio para lavar autos, motos y bicicletas y vierten parte de esta agua contaminada al cauce; también hay mataderos ilegales desangran animales sobre las claras aguas del único rio vivo y la única opción natural de recreo para los habitantes de la ciudad de cali y demás corregimientos aledaños
Recuerdo que por el racionamiento de energía y agua debido a la sequía llamada ‘fenómeno del niño’, en mi barrio todas las personas teníamos que salir a bañarnos en la calle a un hidrante que era el único surtidor.
Recuerdo haber cruzado un río con lecho de mármol rosado en el putumayo y haber pensado en el rubycón.
Recuerdo que en esa selva, una de las regiones más húmedas del planeta, que contiene la medicina que extraen las farmacéuticas del mundo, un amigo chamán identificó 600 especies de orquídeas y que un etno-botánico identificó al menos 1600 especies de plantas alucinógenas tan sólo del género de las solanáceas. Todo esto va a desaparecer por la construcción de una autopista.
Recuerdo que en la actualidad existen, en los llamados países del primer mundo, bares de aguas de diferentes regiones, en los que te venden agua extravagancias como agua de glaciar, agua del Amazonas, etc.
Recuerdo un artículo de Alfredo Molano que cuenta unas cifras críticas: “1.638 hectáreas diarias de bosque primario, es decir 600.000 hectáreas de la que llamábamos Selva Virgen son tumbadas al año en el país. Se tumban para sacar madera, para sembrar papa, para cultivar coca (lluvia, con nieve), y sobre todo para hacer ganaderías”
Recuerdo una frase de Einstein “No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo”
Recuerdo los un fragmento de los 7 saberes necesarios para la educación del futuro “El conocimiento del mundo, en tanto que mundo, se vuelve una necesidad intelectual y vital al mismo tiempo (…) La conciencia cívica terrenal es la responsabilidad y la solidaridad para los hijos de la Tierra”
Recuerdo otra frase de Einstein: “En vez de exaltar el conformismo trabajemos duro. Acabemos de una vez con la crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla”
Me gustan mucho las citas incluso si son largas e imprecisas en su ubicación textual. Me imagino al escritor con su chorro de palabras, jugando a crear lo que llamamos una idea: “sos por el agua”1, por ejemplo: es el resultado de escribir y escribir durante días y noches, frente a un computador: buscar referencias, bocetar, mover una palabra, borrar, releer, buscar en internet, encontrar, clasificar, errar, corregir, lograrlo o no, alegrarse a veces, otras apesadumbrarse…
Remito de nuevo a Alfredo Molano:
“Trece millones de colombianos no tienen agua apta para el consumo humano y 213 municipios carecen de acueducto, incluyendo las zonas de mayor precipitación pluvial del mundo, lo cual ha denunciado la Defensoría del Pueblo: es causa de múltiples enfermedades mortales y otras no tan mortales como las múltiples diarreas erizadas que he tenido en varios trabajos de campo.
La demanda de agua aumenta y las fuentes disminuyen. Como saldo, el agua será cada día más cara. Haciéndoseles la boca agua están la banca mundial –BID y FMI- los acuerdos de comercio-TLC, GATT, OMC- las grandes multinacionales – Vivendi Universal, Suez Sondeo - y el gobierno nacional, su atento y seguro servidor (…) las grandes empresas comercializadoras del agua están al acecho. Hablo de acueductos porque la venta de agua embotellada por Coca-cola, Pepsi-cola, Nestlé, Danone arroja ya ganancias súper extraordinarias gracias a las generosas concesiones de agua que les ha otorgado el Minambiente. La privatización de los acueductos, y por tanto, de los servicios de alcantarillado están a la orden del día. La consecuencia será, como ya se ha visto en Bogotá, la elevación de tarifas sobre todo para los estratos más bajos: 126% para el uno, 58 para el dos y 55 para el tres. No será extraño que un sector de la población sea excluida del servicio.
Hasta el año 94 surtir de agua potable era un servicio público, pero a partir de esa fecha, el Estado-presionado por la banca mundial- declaró la libertad de mercado de aguas y por tanto ha convertido a este bien en una mercancía común y corriente. La quiebra de las empresas de acueducto ha sido así decretada de hecho para justificar el negocio. La corrupción de las empresas municipales no es solo un delito, también es una política. el Defensor del Pueblo Vólmar Pérez declaró oportunamente: “El agua no puede considerarse únicamente como bien económico. También es un bien social y cultural indispensable para la garantía de otros derechos como la salud, la alimentación y el medio ambiente sano”.”
Recuerdo un video en el que vi a los indígenas de la Coordinadora en Defensa del Agua y la Vida junto al pueblo de Cochabamba (Bolivia) en multitudinarias asambleas en las calles gritando ¡el agua es nuestra carajo! bloqueaban caminos para echar a Aguas del Tunari (filial de la Becthel EUA) de la empresa SEMAPA, quienes habían decretado la privatización del agua y habían prohibido incluso recoger el agua lluvia so pena de multas.
No sé y no quiero saber si son funcionales mis recuerdos. El mundo esta tan enredado que quizá los métodos poéticos sean útiles a los científicos y sociológos. Cuando uno lee algo que le deslumbra, el impulso natural es buscar a quien contárselo. Esto me sucedió cuando descubrí por sugerencia de mi profesor de prensa, Hernan Toro, el libro “El Río, exploraciones y descubrimientos en la selva Amazónica”, que inspiró a Antonio Dorado para hacer su hermoso documental Apaporis. Creo que un buen curso de escritura debe ser una guía de los buenos libros que se deben leer. No debe haber libros obligatorios, ni de penitencia y en la página en que un libro se vuelve insoportable es saludable renunciar. Pero esta obra del Etnobotánico Wade Davis es inolvidable. De algo más de 600 páginas, es placentero para quien lo lee con juicio. Para mí es escencial y obviamente lo citaré en este escrito:
“pasamos por un remolino tranquilo, y Geke (un Waorani del Amazonas) quería pescar. Buscó algo en la mochila y sacó un taco de dinamita. Jim le dijo que lo volviera a guardar. Discutieron. Jim (un etnobotánico compañero de Harvard de Wade) ganó, y Geke refunfuñó todo el resto de la mañana.
-La obtienen de los funcionarios locales- me contó Jim-. Una mecha unida a una cápsula explosiva. La meten en un taco de dinamita, lo atan a una roca, y lo dejan hasta que explote. Los ríos cercanos a Tena ya no tienen peces. No tanto por la dinamita como por el DDT.
-¿Qué quieres decir?
-Fumigan todas las aldeas. La Organización Mundial de la Salud se lo dona al gobierno ecuatoriano. Los funcionarios lo fumigan contra la malaria, pero les venden sacos de cien libras a los aucas, que lo usan como veneno para peces.
-¿No saben los indios?
-¿No saben qué?
-¿No ven lo que les hace a los ríos?
-Claro. Yo les he preguntado. Yo le pregunté una vez a Kowe si no había notado nada sobre la abundancia de peces. , me dijo, . ,
le pregunté. Y sin la menor seña de remordimiento, me dijo tranquilamente: .”
Recuerdo que la expresión saqueo generacional se refiere a la actitud que niega el derecho a nuestros descendientes a sus recursos naturales. Como dice una canción:
“Es un juego que a ninguno nos conviene
Porque va a afectar a los que en un futuro vienen
hago referencia a nuestra descendencia
Que es la que algún día va a sufrir las consecuencias
De una falsa herencia llena de inconsciencia
Por la negligencia que dejo nuestra existencia”
Recuerdo a los mecánicos de mi barrio lavar con manguera las líneas de diseño industrial de los autos, jeeps y camiones.
Recuerdo que alguna vez trabajé enseñando a unos niños a tocar un xilófono hecho con botellas y agua, porque en aquella época tocaba ese xilófono, y todo el mundo lo encontraba muy normal. ¿Y qué quería explicarles? La relación entre forma, contenido y sonido, porque cuando uno varía la cantidad de líquido va variando el sonido y si combina diferentes formas con diferentes cantidades se vuelve una máquina que moviliza formas sonoras. Eso les interesaba mucho pues era una variación infinita.
Recuerdo que Gabo, en un estilo muy suyo escribió una nota en la que no recuerda si leyó un libro, o vio una película, o alguien le contó una historia de un oficial de marina que metió de contrabando a su amada en el camarote de un barco de guerra, y vivieron un amor inagotable como el mar, dentro de ese recinto opresivo, sin que nadie los descubriera durante varios años, bamboleándose al son de las olas. El maestro rogaba que si alguien sabía quién es el autor de esta bella historia se lo hiciera saber de urgencia porque le ha preguntado a muchas personas y ninguna lo sabe, y empezaba a sospechar que se le ocurrió a él alguna vez y no lo recuerda. Me gustaría retomar esa historia, y llamarla “amor pasado por agua”, como un fragmento de un poema que me gusta, me gustaría empezar cuando ella va escondida en una maleta y están cargando bananos en el barco (que se llamaría ‘la isla desconocida’), con la canción Calipso y mientras suena ‘a beautiful boat arrived banana2) mostrar una secuencia de imágenes de la masacre de las bananeras.
La maleta se perdería como al personaje de América de Kafka, pero la encuentra de nuevo y en la noche ella le lee un poema de Cristina Peri Rossi:
No conoce el arte de la navegación
quien no ha bogado en el vientre
de una mujer, remado en ella,
naufragado
y sobrevivido en una de sus playas.
En otra escena en el televisor aparece una noticia en la que cuentan del retraso de la entrega de un secuestrado por un chaparrón en la selva, seguida de otra de un personaje Blanco, que parece un empresario, quiere abrir un canal interoceánico en un parque nacional natural y hacer una hidroeléctrica argumentando que en el agua esta toda la energía necesaria para cambiar radicalmente la ‘nueva sociedad’, como Fausto. También habría otros personajes: un diplomático Afrodescendiente de Estados Unidos que viaja con su hija pequeña, mira desde la cubierta de la chatarra de guerra: Se conocen y dice al oficial: el mar que no es nuestro, el mar salió del vientre de Yemayá y de ahí nosotros.
-¿Qué?
-Mira los delfines y peces voladores que saltan y al golpe del oro solar
estallan en astillas el vidrio del mar3 que salió de Yemayá, quien existía antes que nada existiera, tendida cuan larga era. Un día, sintió dolor en el vientre y de él salieron los ríos, los orishas y todo lo que alienta y vive sobre la tierra. Su nombre es una versión corta de Yeye Omo Eja que significa "La Madre cuyos Hijos son los Peces".
También le hablaría de ese mar sobre el que sus antepasados fueron transportados en los ‘malungos’: barcos esclavistas del genocidio más terrible de la historia: de aproximadamente 100 millones plagiados sobrevivieron 50. El olor a carne descompuesta lo olían los barcos a kilómetros de distancia del salvador. Sus remos no terminan nunca de llorar.
El cielo se nubla y empieza a caer un aguacero que suena como un cristal roto y ella abraza a su padre, grita y con su voz infantil dice: “en buenaventura llueve todos los días, pero allá los truenos son buenos y se mezclan con la comida”.
En la litera el oficial tendría pegada esta imagen de arte Shunga.4 Y en un pequeño reproductor DVD portátil vería escenas de enfrentamientos entre ciudadanos y policía en las calles de Colombia y en off suena la canción de Bob Marley que dice:
‘¿How many rivers do we have to cross, before we can talk to the boss?’ (¿Cuántos ríos tenemos que cruzar antes de poder hablar con el jefe?).
El oficial en pantalón y sin camisa, toma un frasco de agua de azahares (flores de naranja) para ponerle en el pelo y le susurra: Tu sexo del que libo el néctar de la luna, es inagotable como el mar trote llovido caballo nube que atraviesa muslos vivos, mis venas.
Recuerdo a la protagonista de que viva la música que iba a robar gringos hongófagos a pance: “y que no me dé crédito el lector si hablo de tristezas. Imagino, al ritmo que corre mi pluma, cómo el río raquítico, lejos de mí, se renueva y se platea encima de las piedras. Un río no tiene edad, y mis andanzas habrán encontrado aquí una estación, pero no el final”.
Termino de escribir porque por error mío una de estas lluvias sobre el paraíso caleño difuminó un paisaje de de acuarela con un atardecer en un puerto que una amiga me regaló y ahora tengo la intención de repararlo. Tal vez así me gustaría terminar la película, que se volviera una acuarela y empezaran a caerle gotitas que difuminen el paisaje, y empiecen a aparecer los créditos.
1 Es el título del texto citado de Alfredo Molano.
2 “Un hermoso bote arribó a Banana”.
3 Matsúo Basho, Sendas de Oku. Traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya, Seix Barral, 1981.
4 arte Shunga (del chino chungonghua ???; ‘pinturas del palacio primaveral’)