Cuento erótico: La excusa
"(...) soy el navegante a la deriva impulsado por las olas y la brisa. Ancorado a ti como a un coral"
Solitario de amor; p. 89

Siguiéndote el juego, trato de parecer un robot. Una máquina que trabaja al son de las horas que pasan. Me gusta observar cómo suenan las gotas de agua. Mi respuesta es que estoy cansada, o tengo hambre, o que estoy en mis días. Pero en el fondo, lo único que me gusta son los preámbulos. Ayer fue uno de esos días en que empezó a introducirme lentamente sus dedos bajo my panty. Me retorcí como una lagarta mientras sacaba sus dedos y empezaba a mirarme. Yo sabía que eso indicaba la misma invitación de siempre: irnos a un lugar en el que pudiera descubrirme completa, en donde pudiera gritar y gemir, sin sentir la presencia de alguien que se acerca. Bajo mi cabeza, y él vuelve a introducir sus dedos. Por dentro me sentía absorta, pero me seguía rehusando.
Se posó con torpeza encima de mi cuerpo y con su mano, hizo figuritas en mi ombligo. Mis piernas lo abrazaron, pero se cansó y me dijo al oído que deseaba saber cuándo. No tuve respuestas. De hecho, en este instante tampoco tengo la respuesta. Sólo sé que no quise ni quiero tener “eso” bajo mi cuerpo y tampoco percibir un cuerpo extraño. Mi espalda podría rechazarlo. ¿Cómo un hombre no puede darse cuenta que el preámbulo me convierte en una desquiciada? que disfruto los movimientos que me hice con sus manos y su vientre. Primero con letargo y después con una rigurosa rapidez.
Me atreví de hablarle sobre la sucia tina y las manchas en la pared. Me gustó cómo puso sus pies en la pared mientras sus dedos me excitaban hasta que llegaron justo a ese lugar que tanto odio. Fue extraño, pero cuando empezó a quitarme la blusa y empezó a sorberme con su lengua sobre mis senos, un dolor me envolvió, y lo quité sin pensarlo. Me gritó con odio que a todas las mujeres lo disfrutaban, que no fingiera. Pero yo no fingí, una sensación de horror era lo que sentían mis senos cuando su lengua me tocó. Creo que cuando la desnudez se acercó, mi cuerpo dejó de funcionar.
Ayer no fue la excepción. El dolor siempre termina por vencerme. El escalofrío empezó cuando me intentó quitar de encima todo lo que traía puesto. Yo lo había planeado, era la cuarta vez. Él ya se había cansado. Temí que se parara como la segunda vez que me esperó en su casa. Yo me senté completamente abierta sobre sus piernas, pero cuando miró hacia su cama, ya yo estaba justa al lado de la puerta.
Hoy tampoco encuentro la respuesta. Cuando quité mis senos de su boca y mis nalgas de sus manos, el día anterior, se hizo en una esquina, desnudo. Me recorrió con sus ojos mientras yo me tapaba. Fue la primera vez que no pronunció una sola palabra. Sus ojos estaban fijos en mi vientre, en mis senos, piernas y los deditos de mis pies. Los intentos se acabarían. Algún día mí cuerpo reaccionaría, pero las opciones se habrían perdido. Mi cuerpo aún sigue intacto.
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|2009-10-28 13:38:27 Angela C - Sentir que no se sienteA veces es mejor jugar porque la realidad se aleja, se pierde y no puedes percibir ninguna sensación.
Vamos a jugar
a que jugamos
y reímos complacidos.
A que te beso y finges
besarme, nos besamos
y fingimos besarnos.
A tocarnos e imaginar
que siente nuestra piel
y que sentimos que sentimos.