A dónde vamos

¿Cuántas vidas han pasado desde la última en la que fui feliz? Tengo recuerdos de lo que pudo ser una, en una habitación llena del pasado de mis padres y en donde yo tendido en una cama fumando y bebiendo, miraba a través de la ventana lo que fue alguna vez una valla de marlboro en Bogotá.
Quiero estar en un pueblo en donde el viento sea tan fuerte que los habitantes se asusten, donde los truenos caigan y vibren las casas, un lugar donde los techos pendan de un hilo para no irse con la tormenta. Si saliéramos a caminar con una botella de Jack Daniels y con el diablo pisándonos los talones ¿qué seguiría después?
Veo objetos del pasado desbordando en la gaveta del olvido, invitándome a recuerdos de naves espaciales con que jugaba de niño; ciudades enteras construidas en el jardín para luego de ser destruidas, civilizaciones ubicadas en lugares inestables de mi patio y memorias de una cacería de brujas a las que fui sometido en otra vida.
En aquella vida, las sugerencias de una noviecita que tuve y que me seguía a donde yo fuera porque quería vivir la vida como yo: dejando a mi familia y emprendiendo el viaje hacia el futuro. Un futuro que no llego y que se nos acabó cuando morimos en una curva mientras íbamos de Medellín a Manizales. Creo que fuimos felices, éramos libres y nos sentíamos libres uno con el otro. Yo disfrutaba oler sus pechos en la mañana y besar todas las pecas de su espalda. Ella, ella disfrutaba besarme en la barbilla, tocarme la nuca y sentir mi barba matutina cuando me daba un beso en la mejilla. No era nuestro estilo andar vagando, trabajamos vendiendo collares que fabricábamos en nuestros ratos de ocio, iniciamos una moda en una época en donde la violencia se desbordaba, pero de la venta de éstos nos mantuvimos un tiempo para comprar lo que nos hiciera falta y poder vivir de mochilas visitando cuanto pueblo encontrábamos en el camino. Nunca nos preocupamos por la comida ni por techo, era algo que siempre nos iban a ofrecer pues teníamos simpatía y sus ojos verdes como el limón la hacían especial entre los lugareños.
Sigo pensando en si el diablo sigue detrás. Ya pasaron cuarenta años desde la última vez. Si sigue detrás de mí, tal vez logró que me sintiera mejor, que pensara diferente y que buscara el futuro al que me trajo; el diablo tiene nombre y no es tan malo como dicen, simplemente quiere que le organice el mundo para controlarlo… creo que se cansó de seguir pero aún no me ha devuelto esa alma que viajo conmigo luego de morir, sigo pensando que debe estar a unos meses de mi nacimiento, o si de verdad el otro, Dios, el que también tiene nombre, decidió llevársela con él y evitar que nos juntáramos en esta vida como esperaba.
Sólo espero hallarla, mientras tanto…………………………………………..Sonidos! les dije a todos, y continúo esperando en una estación de trenes en 1939.
Todo lo que no nos lleva hacer y desear. Nos mantiene o nos aleja...O nos deja...
Gusto leerte.
Saludos desde México.