La segunda caída

Su Espada cantaba al deslizarse sobre el viento. Había desmembrado casi cuatrocientos hombres, pero la raíz de sus desdichas aún no había sido erradicada. Estaba sentada en lo alto de la colina, era una mujer; cargaba una gran centella y su mirada furiosa había encendido numerosas ciudades. Cloudo seguía la encarnizada batalla, le faltaban pocos metros para llegar hasta donde estaba Victoria. La lucha era cada vez más atroz y los rivales parecían hacerse más fuertes conforme avanzaba.
Unos metros antes de llegar a la cumbre, la guardia personal de la diva le cerró el paso. Folken, el líder del último anillo, dio un paso atrás y dejó que lucharán los cuatro restantes. Cloudo no tuvo problemas con ellos, su espada describió una extraña forma circular que terminó en un corte diagonal, casi simultáneamente los hombres cayeron. Folken aprovechó la confusión y se ubicó a sus espaldas. Tiempo atrás un hombre leal a un pueblo había sido derrotado y redimido por Victoria, aunque su corazón siempre se resistió a olvidar el oprobio. El guardia traspasó el cuerpo de Cloudo y pudo sentir, con el filo de su espada, cuando el corazón de su victima dejó de latir.
La hierba está húmeda, Cloudo piensa en el absurdo dios que le ha hecho llegar hasta esas instancias. Hace mucho tiempo, cuando aún era un niño, una figura alada le hizo entrega de una espada y una misión que, hasta aquel día, había asumido como indefectible.
El victimario puede ver la figura del Espíritu celeste que baja desde el cielo. Cloudo milagrosamente se levanta y señala con la espada a Folken, su cabeza no durará mucho tiempo unida a su cuerpo.
La espada avanza hacia la mujer, ella se levanta tranquila, sus ojos incineran a Cloudo. La lucha empieza, El choque del metal retumba como trueno. La pelea es pareja, Los dos combatientes parecen tener méritos para la victoria. A uno lo guía el destino y la otra esta dispuesta a construir uno nuevo. En la embestida final una de las dos espadas se rompe. El filo de la espada furiosa de Victoria cercena el cuello de cloudo y reduce a falacias su fortuna.
Cloudo logra ver de nuevo la figura que lo ha acompañado en su travesía, esta vez no decide regresarlo a la vida. Le muestra, en cambio, una heroína victoriosa gobernando durante mucho tiempo a un reino próspero y tranquilo. El ser alado sonríe y lo carga en sus espaldas, el traidor ha muerto y la misión ha sido cumplida.