El egresado univalluno: reflexión crónica

Por lo general, basta un poco más de un lustro para que el estudiante de la Universidad del Valle se convierta en egresado y con ello culmine una etapa de su vida académica iniciando a la vez una trayectoria – en su biografía personal- en el mundo laboral, si es que logra insertarse en sus complejas tramas. Subjetiva estudiantil.
¡Me estoy graduando! Esa es mi frase de cabecera en el último año, principalmente porque ella obedece a la circunstancia específica de ser tesista. Dicha frase puede ser complementada por el sentimiento que la gobierna, expresado en algo así como “hace rato que me estoy yendo y no acabo de irme”. A escasos meses de ese pequeño heroísmo personal, que abarca más de una decena de semestres, y que ha contado con el concurso de mucha gente, los compañeros preguntan ¿!cuándo es que nos graduamos!? ¿Qué dijo el segundo evaluador? Y otras cosas más de ese estilo. Pero lo que más preocupa es lo que vendrá después de obtener el grado, pues a la circunstancia de sentirse oficialmente desvinculado de la Universidad, en términos formales -sin deberes, ni derechos-, claro luego de recibir aquello de “gracias por venir y hacerse profesional” se suma el hecho de tener que resolver la circunstancia de los ingresos, porque del otro lado de la Pasoancho aguarda otra realidad: la de insertarse en el mundo laboral, con toda la incertidumbre que ello suscita y sujeta de enfrentarse a las posibilidades restringidas de obtención. De tal modo se piensa esa situación, y seguramente querrá uno volver a las prácticas estudiantiles con todos los derechos y deberes que eso supone.
Clase de 7 A.M.
Entre los deberes que tiene el estudiante, está el hecho de asistir presencialmente a las clases estipuladas por cada curso al que se matricule. A clase de 7 siempre se llega angustiado con el paso apurado y cierto estrés, para luego de una hora de atenta escucha salir a buscar “una tiza y un tintan” (un cigarrillo y un café), y entre minuto y minuto tararear mentalmente aquella canción que dice “así es la vida ya usted ve, un cigarrillo y un café”. Semejante responsabilidad finaliza hacia las 10 de la mañana y sale uno con la satisfacción del deber cumplido. El egresado Héctor Fabio Ospina, militante de la divergencia consecuente y outsider curtido en las lides de la investigación musical autogestionada, afirma que “la Universidad te asfixia, hay que salir de aquí rápido”. A mi la nostalgia me puede, y es entonces cuando uno pensará en esos tiempos de estudiante permanentemente preocupado por tanta despreocupación.
Corrientazo univalluno
Luego de “botar escape” un rato con los compañeros – hablando de todo y de nada- y de seguir no haciendo mucho la mañana termina. Consciente de lo que significa hacer la fila para el almuerzo, todos confluyen dispuestos a esa olímpica pérdida de valiosos minutos, los mismos que hacen falta en la tarde para sacar pasear el tiempo libre. Esto es ya una práctica establecida que ha hecho carrera, ante lo cual la extremada paciencia es cómplice silente. De nada vale hacer fila desde temprano porque en la U. paraíso de la diversidad, territorio de lo permitido, donde todos pueden ser… a su manera, colarse con alegría en la fila es el ejercicio de la mayoría, desde el que tiene más hambre que uno, hasta el que cuenta con el tiempo preciso para asistir al parcial de las 2 de la tarde, y claro de todo aquel que quiere seguir incrementando su capital social mediante la práctica dialógica con sus pares. Pero el malestar en muchos se incrementa, y con ello la indiferencia, debido a la iniciativa de algunos enérgicos por salir a esa sagrada hora a interpelar, a quienes detentan el monopolio del poder de las armas en una confrontación desigual arrojándoles a la cara el cúmulo de inconformidades y arengas resultantes del ejercicio de pensar 'otra' realidad posible. Pero desde hace mucho tiempo que el grito inconforme no llega lejos… no transciende, quizá no por su contenido, sino por su estrategia. Parece que el ejercicio debe alimentarse bien, y no sólo de 'verdaderas verdades'. Todo lo que se padece por el balanceado corrientazo univalluno, a precio de resistencia. Con todo y eso, se añorara de nuevo volver a la condición de estudiante.
Entre derechos y deberes
El egresado univalluno tiene derecho a seguir aspirando a la movilidad académica aunque ésta se resienta por las limitadas posibilidades que el alto costo de las maestrías supone. El deber que le asiste es el de seguir existiendo y persistiendo por una oportunidad laboral que conlleve a la realización de tal objetivo y que logre paliar la frustración de no ejercer lo que se estudió. Quizá de tanto intentarlo alcance la especialización en redacción de hojas de vida. Con cierta dosis de sarcasmo un profesor en clase afirmaba “seguramente van a salir a trabajar lo que no estudiaron, pero al menos lo harán con una gran conciencia”, crudeza que se le agradece, pero que no deja de lastimar. El egresado sigue teniendo el derecho a regresar a las seudoaudiciones, los viernes en la noche con su pésimas programaciones y sonido, a darse un rollin peripatético, como dice el zudaca. Allí se encontrará uno con los compañeros que ya arriban al semestre 14 y para quienes siempre se tendrá la buena onda, porque sino aplican voluntad y convicción llegaran al decenio sin resolver y por una década de estudio no es que paguen media pensión!!! Ellos siguen con la misma facultad… para rumbear aunque en la Valle muchos ni para eso nos ponemos de acuerdo. Allí la decepción de la espera se mitiga con un buche de algún deshinibidor social.
Subjetiva contracultural
A el zudaca, veterano código de las letras y de la guerra contra los marcianos, habitante de la república democrática independiente del bajo presupuesto y el ingente esfuerzo, quien sigue tránsitando el alma mater, con la nobleza gigante de sus nobles ideas contraculturales lo veo y le digo ¿entonces qué, que te traés entre manos para plasmar al papel? Y en ese indagar recíproco no las pasamos, apuntalando pensamientos y escalando ideas para edificarle un lugar digno a la contracultura textual y sonora. Reafirmando premisas con las cuales se dota de sentido la experiencia vivencial. Y en eso le comento que La U. de Caldas ofrece premios a quien envíe datos de al menos 5 egresados, no es esto suficientemente diciente de la situación de éstos, ¿cuánto estarán dando por las coordenadas de un univalluno para ganarme ese billete?, ¿Si habrá al menos un proyecto de seguimiento a graduados? averiguemos para una próxima crónica.
Tomado periódico La Palabra