Argentina, más allá del tango

Cada calle tiene un nombre en Argentina. Y cada ciudad una calle llamada 9 de Julio, una vía Bulevar, un barrio Recoleta y una plaza San Martín. Si no se pierde entre el hormigón, el vidrio y el asfalto de los rascacielos capitalinos, uno se extravía entre las 80 páginas de su guía cultural.
Entre las cataratas monumentales y lechosas de Iguazú, en el extremo norte de la nación, y las nieves perpetuas de la Patagonia, en el extremo sur, 23 provincias, conectadas por puentes como telarañas metálicas, dispuestas sobre la palidez de las aguas de los ríos La Plata y el Paraná, invitan a comprender que Argentina apenas comienza en uenos Aires. Mi principal destino fue Santa Fe, mi lugar de trabajo El Litoral y mi primera batalla la libré con el lenguaje. El Litoral es un complejo periodístico que con 250 empleados produce información en prensa, radio, televisión e internet. Su circulación es vespertina. Aparece entre las calles al caer el sol, como el choripan que cenan los estudiantes o como los “cirujas” (recicladores) que recogen sus desperdicios.
Lucha cuerpo a cuerpo con el lenguaje
Antes de escribir cualquier artículo era fundamental aprender a nombrar. Si dices que cogiste un bus y luego tomaste un carro, entenderán que tras copular con un automotor llegaste en carretilla a tu lugar de trabajo. En Santa Fe al andén le llaman vereda, a la maleta, valija, a una discoteca, boliche, a la cafetería, bar, al bar, chopería, al carro, coche y a las mujeres, minas. Un litro de cerveza es un porrón y un amigo es un ¡Ché, boludo! Para desayunar se puede pedir una lágrima y una factura. Pondrán sobre tu mesa un pocillo de leche con una gota de café, acompañado de galletas.
Desencuentros con la cultura
En Santa Fe, ante la solicitud para preparar un plato típico colombiano, busqué infructuosamente un plátano y no puede demostrarles que era distinto a una “banana”. Un compatriota ofreció llevar algunos plátanos desde Bogotá, pero le fueron retenidos en el aeropuerto de Lima. A última hora anuncié que improvisaría un sudado de pollo y, jocosamente, me preguntaron si agitaría el animal por mucho tiempo. Por su parte, ofrecieron preparar mayonesa de ave, pero de la codiciada salsa apenas se vislumbraba unas delgadas líneas sobre una ensalada de rúcula, lechuga y trocitos de pollo. El pan es vendido por kilos. Lo cotidiano se reinventa en cada detalle.
Encuentros con el periodismo
De las imágenes con hordas de pobres que se abalanzaban contra los carros de alimentos durante la crisis del 2001, hoy queda un país que se recupera con premura. A él llegué gracias al Premio de Periodismo Semana, la Fundación Konrad Adenauer y su Programa de Medios de Comunicación y Democracia en Latinoamérica, con sede en Buenos Aires.
Sin escapar a la concentración de poder por parte de las grandes industrias periodísticas, en Argentina circulan diariamente seis periódicos de carácter nacional. En Colombia sólo lo hace El Tiempo. Los dos principales periódicos del país, Clarín y La Nación, ofrecen Maestrías en periodismo y forman a profesionales de toda Latinoamérica. La televisión pública divulga debates con destacadas personalidades de la cultura. Canales informativos como TN transmiten noticias las 24 Horas. Sin embargo, esto no es necesariamente una garantía de calidad informativa. Como decía Ryszard Kapuscinski, “estamos sobreexpuestos a los medios pero faltos de información. Ver no es lo mismo que entender, la información se hace ligera y no perdura. Lo urgente se confunde con lo importante”.
Los argentinos están haciendo un mayor aprovechamiento de las nuevas tecnologías de la información. Ciudades intermedias y pequeñas tienen un buen número de portales informativos locales, sin que necesariamente correspondan a la versión web de un medio impreso. En las salas de redacción los periodistas cubren la información por temáticas y no por fuentes, como suele hacerse en algunos medios nacionales. Esto les permite una mayor versatilidad en el momento de abordar la información y les genera menos dependencia de las fuentes institucionales.
Cita con la literatura
A pesar de contar con una amplia tradición editorial, como sucede en Colombia,escritores de provincia de “gran calado” buscan con esmero espacios para difundir sus obras. Las estrategias de marketing hacen que las editoriales sólo publiquen ediciones de corto tiraje en las regiones donde son conocidos sus autores. La oferta literaria queda sectorizada. En Colombia apenas se escuchan en círculos especializados menciones cortas a las obras de importantes autores gauchos como Juan José Saer, Osvaldo Soriano, Roberto Arlt y Rodolfo Walsh. Lo mismo sucede allá cuando se indaga por las obras de Héctor Abad Faciolince, Piedad Bonnet, Darío Jaramillo o Laura Restrepo.
Con sus cuarenta millones de habitantes, veinticuatro años después de la última dictadura, los argentinos parecen valorar más su democracia y la ideología del Estado Social de Derecho. Esto se nota por la gratuidad de la educación superior y los bajos costos de los estudios de postgrado, mientras el gobierno de Colombia se enfoca en fomentar la educación técnica-tecnológica. Se comprueba en el acceso a la salud y en las políticas públicas para pensionar a los ancianos que nunca pudieron cotizar al sistema. El Salario Mínimo es alrededor de $624.000 y puede ajustarse de acuerdo con la inflación para que no pierda su poder adquisitivo. Los argentinos han superado la crisis, gracias a la producción masiva de la soya, aunque ya se escuchan advertencias relacionadas con los peligros del monocultivo para la seguridad alimentaria.
Luego de la dictadura, las Madres de la Plaza de Mayo construyen hospitales y fundaciones de servicio en los cantones donde fueron torturados sus hijos, mientras muchos niños que fueron adoptados empiezan a indagar por la suerte de sus padres.
La cultura tiene un gran respaldo estatal. En Buenos Aires doscientas mil personas se congregaron para despedir al bailarín de Ballet Julio Bocca. García Márquez se lee con avidez y bandas de jóvenes como la Fernández Fierro proponen nuevas fusiones para el tango clásico. Los argentinos más autocríticos sienten que están muy mal. Yo pienso en mi país y sólo guardo silencio. Sin duda, Argentina y Colombia son mucho más que tango y cumbia. Nadie nos quita lo bailado, tampoco lo sufrido.